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Hubieses Hecho lo Que Hoy

Históricamente, Marta sueña con haberse unido a la caravana de voces de protesta,

con haberse encontrado en las páginas de los libros de la memoria popular

con ser líder, revoltosa, miembro de una organización de cambio social,

con haber cuestionado sus propias creencias en nombre de la justicia,

y con redefinir la palabra “igualdad”….por allá, en los dias aquellos de los años 60.

Hoy que la opción de hacer un cambio histórico se presenta,

Marta, pregunto yo, ¿de qué lado estás?

Porque no se te escucha el grito solidario

por los que sufren los efectos de la desigualdad.

¿Será que tu voz fue amordazada por tu adherencia al pasado de las ideas

o por tu miedo a debatir el consenso general?

Que tristeza, Marta, te ha de embargar

cuando leas del cambio en las siguientes décadas

y ni tu voz, ni tu grito, ni tu presencia se divisen al pasar las páginas.

Tal vez entonces puedas darte cuenta

que allá en los años 60 hubieses hecho por la historia lo que hiciste hoy:

luchar en contra del progreso

o simple y absolutamente nada.

A veces  una mano baja la luna del carro,

la otra se asoma y levanta su dedo tercero.

Al doblar la esquina, desaparece este monumento.

Yo le grito “We love you!”

But he is too busy yelling “Fags!”

Esto es lo que cuesta levantar tu voz y tus manos

sosteniendo tu mensaje de trato equitativo.

Su obra de arte y manualidad son triste consecuencia

de textos mal interpretados,

del odio organizado

y del (ya históricamente demostrado) dañino tradicionalismo.

Pero al menos encuentro en tal respuesta algo honesto,

y no la discriminación pasiva que exige una reforma constitucional

para legalizar su (dicha entre dientes)”tolerancia”,

o mejor dicho su noción de que existe

un ser humano que vale menos que otro

y por ende no posee los mismos derechos.

Por lo menos el odio de ese dedo habla más fuerte y con más sinceridad

que las palabras educadas que denigran los sentimientos

puros y genuinos de un segmento de la sociedad.

Por lo menos  esa obra de arte que se despide a lo lejos

 y se vuelve a replegar tras su cortina de cristal

es la muestra perfecta del origen del pensamiento

opresivo, ciegamente/contradictoriamente dogmático y retrógrada.

El odio y la ignorancia son malas hierbas

que regadas por miles de años

y siglos de falta de cuestionamiento

dan su fruto colectivo:

la creencia de que existe un grupo de inherente superioridad.

Gracias Dios.

Por mostrarme el dolor que causan las incoherencias escritas en tu nombre.

Gracias Dios.

No he de confundir ya tu presencia con una simple alegoría.

Gracias Dios.

Por ser la fuerza intacta que mantiene al alma imperecedera

para sobrellevar credos represivos y sus obras.

Gracias Dios…

Porque a pesar de que te hemos confundido por siglos y siglos

sigues habitando en el planeta.

Créeme, rezaré contigo

para que los malos profetas muerdan su lengua de una vez

y se envenenen con la misma incomprensión que profesan.

Gracias Dios…

porque sé que el amor siempre de ti proviene

y no me confundo cuando la gente

se inventa que “sólo a veces” es divino.

12:37 p.m.

19-10-08

A Andrés No le Gusta Andrea

Siglos han transcurrido en los ojos de Andrés

quien lleva el peso del odio tolerante de la sociedad.

Siglos desde que espera que un día las cosas cambien

y que otros dejen de intentar hacerle cambiar.

A tan corta edad ya lleva mundos inventados en contra

y en su descubrimiento lo apresó la soledad.

De éste castigo innatural impuesto sólo una causa  se discierne:

el único pecado de Andrés es su capacidad de amar.

Aparentemente Despierto

Parecemos haber perdido, digo yo, aquél hilo entretejido entre individuos de humanidades varias.

Parecemos habernos sumergido en el abismo del YO rotundo, que niega lo que no sea su propia oscuridad.

Parecemos y no hacemos más sino aparentar, y vivir en lo que parece y dejar atrás lo real.

¿Ya qué somos? ¿Qué humano lo es sin sentimientos,

sin abrir la puerta en su bondad o negándose a la posibilidad

de dejarse tocar por el sufrimiento ajeno?

La lucha tiene un rostro detrás;

mi grito, una voz hambrienta,

mi ruego, una esperanza

a que un día nos despierten

las plegarias de quien no puede

ni tiene fuerzas para luchar.

Un día del cielo cayeron cintas adhesivas de colores que pintaron fronteras y colores de banderas. Dios dijo entonces: “Santos Cielos, ¿qué he hecho?” y el ángel rojo le suplicó no deshacer su equivocación y al final lo convenció. Entonces, el ángel rojo tomó una pluma y lápices de colores para diferenciar los trocitos de tierra que antes era sólo una. Con el dedo pulgar separó la pangea y en un volcán invisible volcó toda su erupción de miseria, cuya lava no salpicó a todo el mundo. Hizo llover también poder en zonas donde las nubes o banderas cubrían la visión misericordiosa de la gente. Y para cerrar su ritual de destrucción puso un anuncio gigante de For Sale, se vende todo y por todo él cobra comisión. Dios, al despertar, miró lo que había hecho y se lamentó. “¿Cómo pudiste hacer esto?”, “Tú me creaste, no fui yo.”

Valeria en la Calle

Valeria camina por calles oscuras.

Se siente segura de su actitud optimista.

Valeria domina las artes marciales,

o frases reales para ser alpinista

y escalar y pisar a cuanto ladrón se entrometa

o se quiera adentrar dentro de su bragueta.

Valeria ha aprendido a andar por ahí,

entre el mirar hacia atrás

por si alguien quiere invadir

su privacidad.

Valeria llega a casa…

y la tensión le aprieta los brazos.

Un grito, no el suyo, se deja salir.

“¡Llegaste muy tarde!”

Un golpe en la mesa.

La próxima vez será tu cabeza

y no su puño lo que ha de partir.

Valeria se aparta

y como buena defensa

da la espalda,

toma la maleta ya hecha,

la que guarda para emergencias,

y velozmente sus piernas consiguen huir.

El infierno, allá afuera,

el no personal, el que no amas ni extrañas

el menos real, es más fácil de asumir.

Cinicamente Esperanzado

Canta conmigo, estupidamente, un suenho de paz.

Tal vez, de repente, nos caeremos de cabeza,

antes de darnos cuenta

de nuestros ideales de ligereza–

y perdona que sea tan cinica.

Sera que esta noche se me ha dado por derrotarme,

por sentir que las cosas no van a cambiar.

Es que es cierto: NO VAN A CAMBIAR!

Porque, mira, hasta a nosotros, los mas irresponsables,

los que nos da por sonhar,

despertamos a la agonia de saber la verdad,

porque hasta nosotros nos estamos acostumbrando

porque pasada cierta edad, si crees aun es que estas loco.

Si nosotros caemos en la tentacion de la emocion

y de la perfecta resignacion de la desesperanza,

con que animos y causas podemos levantar en proyeccion

a una muchedumbre cuya inspiracion y delirio no les alcanza

ni va en ruta al igual que la nuestra?

Cuando el cinismo nos gana

y perdemos la apuesta.

Cuando la tuerta aceptacion

de una realidad imperecedera

mancha nuestra perspectiva,

y nos derrotamos cayendo,

sino ya de rodillas,

volvemos entonces al punto de partida

pues debemos de nuevo reunir nuestras fuerzas,

ver la llama creciente, ver las razones de vida,

ver por que no queremos vivir en la mentira,

ver al final del camino, un destino de paz

y olvidar el cinismo, olvidar los cambios que no vendran,

sonhar los que se pueden, lo que podemos lograr.

Tengo un cuaderno nuevo que llenar de viajes futuros,

Aventuras por escribir que, ojalá, no harán falta.

Tengo mil ideas de vida

que resumo en las cuatro siguientes:

Una: Ir con los monjes budistas.

Dos: Mudarme a una comunidad artística que fomente el desarrollo social.

Tres: Combatir la pobreza por métodos pacíficos promoviendo la justicia,

la igualdad y la libertad.

Cuatro: Actuar en teatro y en películas que no deshumanicen a la sociedad.

La pregunta es obvia, de dónde saco tantas vidas

para vivir la lista que aún se encuentra sin terminar?

 

 

Testamento Activista

Daría mis pies porque caminara el mundo por caminos justos y acelerara el sueño

de verlo crecer de su humanidad rastrera a una que se eleva y pisa fuerte contra su maldad.

Daría mi mente porque la gente soñara conmigo un sueño de libertad,

de entendimiento sin fronteras, y por mi mala memoria

perdiera los himnos patrios y los colores de las banderas.

Daría mi corazón, entonces, para recordar sólo Un himno de paz

y una bandera blanca en astas en cada célula de la tierra

conquistando diversidad.

Y con las manos cosecharía lo que falta,

en los cuerpos de la gente.

Daría, entonces, mis ojos para ver la necesidad

y el alma al ver el dolor ajeno

para saber lo que se debe cambiar

en la vida del ingenuo,

del que sufre sin bienestar.

Daría la vida…

por la causa de los despiertos,

por los que duermen,

por los aletargados,

por los que aún no han muerto,

por la vida,

por dar.

Tragedia Indiferente

Una idea me lleva a la otra,

hay tanta información por digerir.

¡Cuánta letra progresiva por leer!

Navego las páginas abiertas

a mundos que nunca antes pude ver

y con mi escepticismo como cristal

defragmento los compartimentos de la sociedad,

y me entrego al llamado de la verdad.

Los cambios vendrán al aprender del problema,

y las soluciones se calcularán sólo al conocerlo al detalle,

sólo al medir sus consecuencias.

La apatía es la opción del ingenuo,

de mente desierta, incapaz,

del insensible que no quiere ver

la condición humana que se le presenta,

que no puede sentir por aquél

que toca a su puerta,

por un hermano humano.

Aprendamos

para salir de la tragedia de la indiferencia.

La Protesta Coloquial

Salieron las señoras de la esquina, las chismosas, las que ventilan su casa por la ventana y de paso, tu vida. Salieron de su casa a resonar con su voz, el rugido de sus caceloras. “Estamos demandando”, dijeron, “un poco de arroz para los niños”, como quien pide una limosna de su propio bolsillo. Salió la tía Irene porque el marido se le murió, o eso dice ella para evitar decir que se fugó, de todos modos, lo da por muerto, y  como así lo trata, eso es lo que importa. Y lo que importa también es que se largó llevándose toda la plata que guardaba bajo del cojín del sillón. Salió la tía Azucena que obscenamente gritaba a cualquiera que se podía meter sus políticas por donde no les dé el sol. “¡Yo lo que quiero es comer, porque tengo hambre, señor!” Y el señor le dijo, antes de correrla, que eso no podía ser porque la estabilidad del mercado alimenticio, dependía de su mano de obra barata. “¡Usted come de mi miseria!” ” No. Nos comen a todos, Azucena, a todos los que no hacemos las reglas.”

Pueblo Humano

Que reine la humanidad!

Que tiempo ya lleva sometida a la explotación.

Que llueva en libertad sin que el agua se convierta

en un producto inaccesible a los que viven en la miseria!

El mundo es de todos,

¿es que no se dan cuenta

que las líneas que nos dividen

son trazos políticos

de poderes económicos ya casi incontenibles?

Las murallas en los mapas,

en realidad, son invisibles,

inexistentes, de vil separación

de los pueblos unidos,

que son sólo uno,

pueblo “Tierra”,

pueblo “Humano”,

sin fronteras

con una sola bandera

blanca de tregua.

Y cantamos en el himno,

la única frase

que nos permite respirar

“Paz, un sólo pueblo bajo el cielo,

sobre el mundo,

seres humanos en libertad”

Etiqueta Social

Buena educación es la sumisión a la falta de evolución.

No se discuten problemas sociales, mundiales, raciales, sexuales, experimentales,

en la mesa, NO!

Ni en cualquier sitio público, ni en la casa del abuelo, ni en el sillón

Se discuten, en cambio, de acuerdo a la etiqueta, de lo público del sitio, del sillón del abuelo y la pintura de la mesa.

!Qué pereza ejercitar el intelecto; compartir las ideas, llegar a una conclusión!

!Qué bajeza hablar de lo que ocurre en el mundo exterior y encontrar la forma de brindar respeto al pensamiento opositor!

Etiqueta social es el disfraz de la ignorancia que poco a poco ha cortado nuestras ganas de cambios inminentes y ciertamente necesarios.

Evolucionemos! Fuera de lo socialmente aceptado, hacia un futuro donde las discusiones intelectualmente cargadas no sean consideradas “de mala educación”.

Experimental/ La Historia de Marcos

Marcos, la calle no te alimenta pero tienes que seguir trabajando. Hay que pagar los gastos, la comida de tu hermana que sufre de algo que hasta ahora no entiendes por más que el médico te lo explica. Ay, Marcos! Qué jodida la vida, no?

Viene un tren, un señor de oficina que mira su reloj y se sube sin mirarte. Recita tu letanía; la ruta, las paradas del bus que se ha llevado tu vida y a la vez es lo único para lo que te alcanzan las aspiraciones y tu realismo. Una vez más, quizá alguien suba de nuevo. Nadie va a subir, Marcos, no seas huevón… acá no hay ni mierda de gente.

Te sigue llevando un animal metálico como hace un año. Hace un año alucinabas ser aquél tren que te pasó por encima, el que se subió hace un minuto, o uno parecido, total todos parecen lo mismo. Marcos mira al hombre vestido como para reunión a las 10 y hablando en su celular mucho más moderno que el tuyo, ingenuamente de la forma más pública y estúpida en que alguien en estas zonas de la ciudad podría hablar. Hace un año se subió quizá él, quizá otro, pero daba lo mismo. Escuchaste de pronto que la compañía de buses era el lugar donde trabajaba y no supiste si odiarlo o agradecerle. No supiste si morder la mano que te da de comer… y a la vez te retuerce pero bueno, eso nada tiene que ver. Para ser un escolar, nada mal era tu chamba. No lo odiaste ni le agradeciste, y él tampoco te vió pasar por su costado, ni cuando le cobraste.

Y cuando colgó viste como miraba las calles grises, la basura tirada y dentro de su saco podías sentir la fuerza ahogada y reprimida del grito que se asomaba en sus ojos. Comprendiste, Marcos, que él también no sabía si odiar o si morder a la voz con la que había hablado. Esto es una cadena de supervivencia, Marcos, no eres especial.

Entonces, Marcos, se sintió menos solo. Desde hace un año sigue trepando a la misma bala metálica que recorre la ciudad y ve la misma sensación del hombre-tren, el mismo grito asomando en la pupila de la señora, las mismas ganas de querer romper el canasto del mandado de la muchacha con uniforme. Marcos trepa a su bus desauciado y sabe que lo único que prende esta locomotora es la sangre hirviente de sus tripulantes, el grito silente de los que no muerden a sus amos.

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