La herida de Pedro

18 03 2008

Pedro remueve su camisa para enseñar la herida en el pectoral derecho.

-Sin ti no hay paz- dice Marcela.

-¿Qué?- dice Pedro mientras se abotona la camisa.

- Tu herida parece un símbolo de paz, sobre tu pecho … la paz no va a latir cuando te hayas muerto.

-Marcela, ¿Cuántas veces te he dicho que no me hables así?

- Así, ¿cómo?

-Como Neruda de quinta…

- Fue sólo un comentario.

- Pues guárdatelo… No me esperes, tengo que trabajar hasta tarde.

-Irónico, ¿no?…

- ¿Qué?

- Que hasta tu cuerpo también miente.

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El Paseo de la Libélula

16 02 2008

Al costado de mi sien derecha, una libélula color de hoja de otoño va zumbándome una historia.

Los campos verdes se abren con el recorrido de mis llantas que se están acostumbrando a la falta de asfalto.

Detengo el carro en medio de la colina, le suelto el freno y lo dejo ir.

La libélula escapó junto conmigo y me sigue zumbando la misma historia.

Le digo que se calle y no me hace caso. Le digo que al menos se detenga un tiempo a aprender otros cuentos y luego venga a visitar.

 Pero de tanto zumbar, la libélula no escucha. Mi mano se eleva a la altura exacta en donde el pensamiento se genera y a la misma velocidad recorre el espacio entre su palma y mi cabeza.

Entre mis dedos, la libélula se siente aplastada. Poco a poco lucha por zumbar más. Pero al primer intento, le robé las alas.

En la colina no hay nada, sólo el silencio de la libélula y el sonido de la ausencia, y ya sin ella, un poco de paz.

8:41 p.m.

15-2-2008





Experimental/ La Historia de Marcos

22 01 2008

Marcos, la calle no te alimenta pero tienes que seguir trabajando. Hay que pagar los gastos, la comida de tu hermana que sufre de algo que hasta ahora no entiendes por más que el médico te lo explica. Ay, Marcos! Qué jodida la vida, no?

Viene un tren, un señor de oficina que mira su reloj y se sube sin mirarte. Recita tu letanía; la ruta, las paradas del bus que se ha llevado tu vida y a la vez es lo único para lo que te alcanzan las aspiraciones y tu realismo. Una vez más, quizá alguien suba de nuevo. Nadie va a subir, Marcos, no seas huevón… acá no hay ni mierda de gente.

Te sigue llevando un animal metálico como hace un año. Hace un año alucinabas ser aquél tren que te pasó por encima, el que se subió hace un minuto, o uno parecido, total todos parecen lo mismo. Marcos mira al hombre vestido como para reunión a las 10 y hablando en su celular mucho más moderno que el tuyo, ingenuamente de la forma más pública y estúpida en que alguien en estas zonas de la ciudad podría hablar. Hace un año se subió quizá él, quizá otro, pero daba lo mismo. Escuchaste de pronto que la compañía de buses era el lugar donde trabajaba y no supiste si odiarlo o agradecerle. No supiste si morder la mano que te da de comer… y a la vez te retuerce pero bueno, eso nada tiene que ver. Para ser un escolar, nada mal era tu chamba. No lo odiaste ni le agradeciste, y él tampoco te vió pasar por su costado, ni cuando le cobraste.

Y cuando colgó viste como miraba las calles grises, la basura tirada y dentro de su saco podías sentir la fuerza ahogada y reprimida del grito que se asomaba en sus ojos. Comprendiste, Marcos, que él también no sabía si odiar o si morder a la voz con la que había hablado. Esto es una cadena de supervivencia, Marcos, no eres especial.

Entonces, Marcos, se sintió menos solo. Desde hace un año sigue trepando a la misma bala metálica que recorre la ciudad y ve la misma sensación del hombre-tren, el mismo grito asomando en la pupila de la señora, las mismas ganas de querer romper el canasto del mandado de la muchacha con uniforme. Marcos trepa a su bus desauciado y sabe que lo único que prende esta locomotora es la sangre hirviente de sus tripulantes, el grito silente de los que no muerden a sus amos.





Corre.

22 01 2008

Latidos extremos rugiendo a unos centimetros bajo mi rostro. Mis pasos ya siguen corriendo entre el bosque de arena, jardín arenoso. La niebla, el pasto, las aves de muertos. Le temo a la sombra que canta melancolía constante, pasados diabólicos y espejismos circunstanciales. Por 200 días, fui presa gravitacional de su esencia magnética. Hoy le rompí los esquemas, sus reglas del juego, del universo creado en su maldad. Me fui. Le dejé las cadenas en el piso, vacías de mí. Lo que le queda, el recuerdo, ni siquiera es lo que fui ni lo que soy. Las horas que pasaron entre las dos fueron las del cristal distorsionado. No te creo. Me fui.  Llevo horas huyendo. Esta vez no quiero volver a ti.





Catarsis

6 01 2008

Hay momentos–por lo general nocturnos–en que la emoción se me escapa de las manos. Entonces, tengo dos opciones: gritar, o escribir. Por lo general recurro a la última, pues siendo estos momentos por lo general nocturnos, gritar sería desconsiderado para con los vecinos. Entonces escribo como si las yemas de los dedos pensaran por sí solas, como si en ellas explotara la sensación de vivir, o sentir. Escribo y lloro un poco, y a veces escribo cosas malas, pero honestas… honestas en el momento en que las escribo. Después de la catarsis y el desahogo emocional, que duran a veces segundos y a veces horas, la emoción se va poco a poco, se duerme, descansa hasta la noche siguiente. Al parecer, guardo un reloj en el alma con alarma. Llegan las diez y es hora de no poder más y dejarme perder entre las letras y dejar que se pierda la ansiedad. Eso es lo único que me altera los nervios. Los sentimientos se pueden manejar, pero la ansiedad… La ansiedad es lo que hace que uno se quiera deshacer de esos sentimientos para que no duelan más. Escribir desteje los sueños, los dolores, y llorar los libera. Al final del proceso, todo está dormido, los sueños, la noche, y las ganas de querer arrancar la sensación. Entonces duermo casi en paz.  





Conversación con Mauro

29 10 2007

Y si el campo de visión de Mauro apretara las imágenes de arriba y abajo hasta el centro de su pupila, y si tal vez en su retina creciera una especie de arma punzante razgando su idea de realidad, si Mauro tuviera en los dedos la fuerza necesaria para mover energía y transformar la visión y la percepción de su nervio ocular, si todo esto pasara, o solo una de estas cosas, tal vez Mauro aprendería a abrir los ojos, sin miedo a quedar ciego de por vida. Quizá la posibilidad de ver algún día sea mejor que la certeza de saber que nunca verá, quizá en la incertdumbre se viva mejor. Mauro sugiere que esto no es vida. Tampoco poder ver, Mauro, la realidad no libera, eso es mentira. La realidad sofoca y lo único que hace por ti es ser lo que es. Mauro llora por la mentira que le hicieron creer, “la verdad” dice” la verdad no me hará libre”. Su cabeza descansa bajo mi mano, dejo correr mis dedos por sus mejillas. “Mauro, ya deja de ser tan estúpido, si?”





Pensando en Santiago.

10 10 2007

Desde el ayer, Santiago la lleva a pasear por los besos compartidos. Una vez estuve cerca, tan cerca a tu alma que hasta tu cuerpo lo pudo sentir. Desde el ayer, Santiago contempla la vacilación en la mirada de Paula. Cierra los ojos. Ella lucha  por no dejarse vencer. Santiago cose recuerdos a los párpados de Paula, hala con fuerza, susurra un suspiro por su garganta, y con sudor quema sus ojos. Paula derrama el sudor de Santiago. Sólo un poco pues Santiago ya se ha vuelto pequeño, una especie en extinción dejando sólo su rastro. Santiago, tienes que irte. Y Santiago le abrazó el alma. Lo sé, pero no puedo.





La carta de Juan

24 09 2007

Ayer soñé y no estaba dormido, su risa volvió a resonar en la oscuridad de mi habitación. De pronto encontré su perfil a mi lado. Por un segundo pensé que habías regresado. La abracé y su imagen se esfumó. Me quedó el vacío en el medio del pecho y la humedad de sus moléculas en mi rostro. Los fantasmas salen de noche, así decías cuando éramos pequeños.Tenías razón. Pero los que mencionabas eran tan distintos! Esos te asustaban. Ella, en cambio, se me aparece en la oscuridady te juro que entre la suavidad de la piel de su rostro existen infinitas posibilidades de volverme a enamorar. Ya no existe, es cierto, pero es tan fácil seguir enamorándome, cada noche, del recuerdo.  Tú te fuiste con el calor y yo sólo extraño tu presencia, no a ella, ella no existe ya, y me dejó en su muerte la duda de saber si en verdad existió. Quizá nunca conocí su verdadera risa. Quizá tal vez nunca me amó de verdad. Quizá nunca dijo nada cierto. Pero, ya ves? Al empacar sus cosas creo que olvidó también su carta de despedida, en donde todo lo iba a aclarar. No la culpo, salió apurada y sabes que mis emociones viajan tan lentas. Ayer soñé de nuevo contigo. Igual que la noche anterior. Un fantasma viene a visitar de noche, y es sólo un espejismo lo que extraño. Si ella, ella la que tomó su maleta regresara, no la podría reconocer.

Atentamente,

Juan.





Desde la Isla de Lucía.

22 09 2007

Ola tras ola las horas pasaron en los ojos de Lucía. Anidaban un recuerdo en la distancia, muy cerca a la línea del horizonte. Pronto, el cielo de la noche y el mar se unirán de un sólo color. Oscuridad. Eso es lo que pide, para no ver más a la distancia. Para que esa isla desierta que existe muy lejos ya ni se vea, para que se convierta el espejismo que es ese oasis en nada. Lucía tiene los pies envueltos en la arena. Hace tanto que en la orilla se dibuja su perfil en la mañana. Lucía no ha fijado la mirada en algo más que el mar,y la distancia en la que se perdió el barco desatado del muelle. Correr tras de él fue su primer impulso, ahora se ha resignado a que no flote en frente de ella. Oscuridad. Lucía está a punto de recordar por última vez que allá lejos hay una isla desierta, muy lejos de esta que ella habita. El horizonte se ha vuelto imposible de divisar. La isla no está en la distancia, el barco flota sin rumbo. Lucía enfrenta el vacío frente a ella, a la distancia muy lejos de su orilla. En su lienzo totalmente oscuro y blanco, estrellas, Lucía comienza a pintar.