Sin miedo (y tropezando)

27 03 2008

Adherido,

como el perfume en la punta de la lengua.

Reinventado,

como la imagen cambiante que guarda la sensación.

El sabor de querer intentar de nuevo,

el sabor de sentir sin miedo,

y lo dulce, lo dulce que es

no estar atado  a nadie

pero no temerle

a tropezar con el amor,

si pasara de repente

entre las piedras,

por el presente.





Despertar (al presente)

27 03 2008

Dicen que la madrugada se escapó corriendo

desde la ventana de su alcoba

a vagar por la memoria.

Dicen también que de hastío volvió a casa,

que al ver su cama se aferró a su almohada

y de tanto soñar, descansó.

Abrió los ojos,

despertó,

entre lo tenue del presente

y le encantó

el sabor a lo existente,

a lo posible,

a lo creado,

a lo viviente,

a lo no-idealizado

y fue lo mejor,

lo mejor que pudo hacer:

despertar.





Canción para Arrullarte

30 01 2008

A veces tus ojos tranquilos se esconden debajo de tu cabello

y con la mano contraria lo apartas de tu frente.

Entonces río, me hace gracia tu rareza,

tu aire a fantasía.

Hay asuntos enigmáticos,

preguntas incompletas

que me gustaría preguntarte,

tal vez en el futuro.

Pero hoy observo el mundo,

y me encanta que no me gustes,

y que tampoco me guste el muchacho de cabellos negros,

ni el que escribe poesía.

Ni que me guste otro ser delicado

dedicado a todo lo que yo quiero hacer.

La verdad, me encanta que no me encante

más que la oportunidad de crecer

y estar conmigo.

Aunque, a veces, el recuerdo de alguien se le adelante.

Ya no existe…

quien yo fui ya no existe.

¿Por qué avergonzarme por los errores que cometí,

las palabras insensatas,

las cosas que no debí decidir?

¿Y por qué temer lo que aún no pasa,

y por qué apurar el futuro

cuando el presente aún está aquí?

Sólo queda la historia,

 ésta que se está por construír.





Amenaza de(vida)

19 01 2008

Hoy amenacé a mi vida con romper su continuidad…

y supo responderme en su ironía particular.

Dejó en la entrada de mi puerta un paquete

bellamente envuelto en un enigma espiral.

“¿Qué será?” repetí continuamente,

mientras habría las cajitas cautelosamente colocadas

para acomodarse entre las barreras

del regalo de la verdad.

De la primera salió un bufón,

que me sacó una risa

e instantáneamente

quebró el rumbo de mi emoción.

De la segunda un aventurero

con uniforme y desarmador,

y de cuyo bigote salió

una amena conversación.

De la tercera saqué a una amiga,

que además de sacar risas

y de amenizar el diálogo

también cura las heridas,

una buena compañía.

De la cuarta, y última,  saqué a dos viejos

inclinados hacia mí desde que me parieron

viéndome quizá con lo mismos ojos

que ya se arrugaron un poco más.

Yo daría la vida por ellos.

Y cierro la caja a pesar de que aún hay más por ver en el paquete,

y  hago las paces con la rutina,

que aburre pero no agobia.

La vida se ríe de mí y yo me río con ella,

cuenta” te dejo este presente

para que la próxima vez no me quieras enterrar”

y mi amenaza se reconsidera y claudica,

yo miro entre las cajas de nuevo,

“No me has dado nada nuevo”

Me responde fielmente,

“¿Es que acaso necesitabas algo más?”

El regalo mejor es un reflejo del presente,

de lo que ciegamente se nos pierde

al querer poseer tanto más.