En vez de visitar al sueño que nunca será
me fui a volver, a Lima, volviendo la página.
Y esta vez no extrañé unos ojos ingenuos sino la casa.
No una sonrisa sino las cortinas, las flores en el papel tapiz y hasta la ventana
(cuadradito en el baño donde se acurrucaban las palomas).
No escapé a mis poemas de amor, sino mis libros,
colgados y alfabetizados en mi repisa blanca.
Y me dolió tanto recorrer cada espacio…
deambular por el lugar que nunca dejé,
no la casa de espacios vacíos que despedí sin alma cuando me fui.
Ésta vez todo estaba intacto.
Ésta era la casa de los años de mis paredes blancas con mariposas rosas.
Por primera vez, más de 60 meses después,
me animé a visitar los lugares lejanos en la memoria,
en la historia guardada tras los sueños errados.
La textura del sofá, lo místico en la cerámica.
Las cortinas transparentes, la madera de las ventanas.
El espejo-rectángulo, el azul y gris de las alfombras.
Aquella sensación de que el silencio me nombra.
Y si salgo de aquí yo sé que me voy…ya por siempre
Aún quedando todo por rescatar.
Me pregunto entonces si podré abrir la puerta
bajar, subir,volar sudamérica,
y alcanzarme aquí en donde estoy
una segunda vez o por vez primera.
O si quedaré embelesada entre cuentos y fábulas,
entre sueños y quimeras.
Me sobreviva la luna, me reciba el sol en la misma duda,
Al menos me encuentro un paso más cerca.
¿De aquí o allá? Tampoco lo sé.
