Me quedé sin ganas de escribir poesía
de alzar el lápiz sobre las letras ya escritas
para borrarlas, para cubrirlas de gris,
para volverlas indistintas.
Me quedé sin ganas de escribir…
pero no de vivir poéticamente,
no de dejar de sentir de cada segundo, el presente,
el regalo que es sobrevivir
aunque la fuerza por hacerlo no sea renovable
o un recurso fácilmente conseguido.
Me quedé esperando la inspiración,
pero esta no vino
y no la reclamé, pues no la necesito.
Me tengo
y tengo la vida,
y en el rincón del cielo,
un vistazo al infinito.
La triste y colérica, melancólica anatomía de un verso
no está… no responde… no vendrá.
Cuando la inspiración no rescata, es mejor mandarla al olvido.
