No creo en los santos, creo en modelos de vida. Respeto las creencias de cada quien pero mi catolicismo lo llevo a medias y no me averguenza mi escepticismo hacia las reglas de la iglesia. Creo en las cosas en que mi alma puede creer, y si no puede naturalmente, no me siento mal por eso. Cuestiono la iglesia, tal como lo hizo Jesucristo. Mi fe no se centra en el miedo a vivir, sino en el amor a la vida. Y la vida la vivo para dar de mí lo mejor a los demás.
A pesar de mis cuestionamientos a la religión organizada, mi educación en la escuela fue basada en el Catolicismo. Gracias a Dios, mi madre se encargó de deshacerse de los traumas de las ideas extremadamente conservadoras que me querían inculcar. Ella me dio la libertad para crear mi código ético racional basado en el bien común y en el amor.
Sin embargo, le debo mucho al Catolicismo. Le debo el haberme enseñado sobre la gente que supo dar su vida por amor. San Francisco de Asís es mi modelo espiritual, y a pesar de que mis razones de entrega no son religiosas, esta oración suya define lo que quiero lograr en mi existencia:
“Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya discordia, ponga yo unión;
donde haya error, ponga yo verdad;
donde haya duda, ponga yo fe;
donde haya desesperación, ponga yo esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.
Porque dando es como se recibe;
olvidando, como se encuentra;
perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna”
A veces escucho a algunas personas Católicas decir que son muy religiosas, y por ende buenas personas, por seguir las reglas y atender los ritos de la Iglesia. Lo irónico es que algunas de estas personas se regocijan en la violencia, creen en la guerra, se burlan de la desgracia de los demás, nunca ayudan a nadie, nunca piensan en el bienestar de sus hermanos y hermanas alrededor del mundo, viven solo para hacerse feliz a sí mismos. Es decir, actúan exactamente en contra de lo que dice su religión. A veces me pregunto si yo, no yendo a misa los domingos, pero tratando de dedicarme al servicio, soy más religiosa que estas personas. Verán, Jesús no dijo: “vayan a la iglesia los domingos”, pero sí “ama a tu prójimo como a ti mismo”. No quiero decir que ir a la iglesia sea algo malo. Si una persona lo encuentra beneficioso para el crecimiento de su fe, tiene toda la razón en ir a misa. Pero si va a seguir los ritos y las reglas de la iglesia, que también actúe de acuerdo al mensaje del Catolicismo, el mensaje de amor y de entrega que la vida de Jesús dejó…. porque dudo que Él admire la hipocresía de tenerle fe y al mismo tiempo, no seguir sus acciones ni sus pasos.
En lo personal, mi Dios es el amor, y compartirlo es su mensaje. Tiene mil nombres comunes y personales. Yo no tengo uno preciso, aunque creo en Jesúcristo porque mi alma lo cree y tambien cree en su mensaje. Mil profetas ya han entregado su vida al servicio, algunos los conocemos y otros murieron en el anonimato. Yo quiero ser uno más.
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