A veces una mano baja la luna del carro,
la otra se asoma y levanta su dedo tercero.
Al doblar la esquina, desaparece este monumento.
Yo le grito “We love you!”
But he is too busy yelling “Fags!”
Esto es lo que cuesta levantar tu voz y tus manos
sosteniendo tu mensaje de trato equitativo.
Su obra de arte y manualidad son triste consecuencia
de textos mal interpretados,
del odio organizado
y del (ya históricamente demostrado) dañino tradicionalismo.
Pero al menos encuentro en tal respuesta algo honesto,
y no la discriminación pasiva que exige una reforma constitucional
para legalizar su (dicha entre dientes)”tolerancia”,
o mejor dicho su noción de que existe
un ser humano que vale menos que otro
y por ende no posee los mismos derechos.
Por lo menos el odio de ese dedo habla más fuerte y con más sinceridad
que las palabras educadas que denigran los sentimientos
puros y genuinos de un segmento de la sociedad.
Por lo menos esa obra de arte que se despide a lo lejos
y se vuelve a replegar tras su cortina de cristal
es la muestra perfecta del origen del pensamiento
opresivo, ciegamente/contradictoriamente dogmático y retrógrada.
El odio y la ignorancia son malas hierbas
que regadas por miles de años
y siglos de falta de cuestionamiento
dan su fruto colectivo:
la creencia de que existe un grupo de inherente superioridad.
Buen poema…sigue publicando.
saludos.
Por: Rurouni Abi el Octubre 27, 2008
a las 5:23 pm