A pesar del relieve sinuoso que mi mente construye en la neblina del cansancio,
diviso ríos de agua fría que volcar sobre mi rostro para apagar un poco
el volcán de frustraciones que llevo por dentro.
No soy capaz, es cierto, de ver rescate por mí misma.
Por suerte existen visionarios a mi alrededor,
voces de aliento a las que le debo el mío
y también unas cuantas sonrisas.
Gracias,
aunque no tenga otra forma de pagarles
mas que con mi promesa de retribuir
la calma que me han regalado
en el momento en que me necesiten.
Ahora, a seguir andando…
en cordilleras sube-y-bajando,
pero de vuelta siempre al camino
o vuelo de evolución.