La madrugada concibe sueños, a veces despiertos y a veces dormidos.
Sombras aparecen como danzantes, como espeluznantes abismos de realidad y ficción.
Sombras, aves de paso, pasado ocaso, hoy ya no es lo mismo.
Extrañas una sonrisa y es extraña la sensación.
Aquellos días, ¿dónde se fueron a vivir sin preocupación?
Aquél regreso a la realidad, a la resignación se dio al marcharse sus pasos.
Y se me quedaron impregnados entre la página azul de la memoria.
Todas las historias agridulces humanas en un solo rezo:
“te tuve un rato y te marchaste, creí salir ileso…
pero me dejaste un hilo hasta tus cabellos,
aunque es cierto que hoy recuerdo
y no me duele recordarte”
Sólo estás…
un poco como para llenar el vacío externo
y, a la memoria ejercitar.
Suave, caes suave sobre la almohada
y sobre ella mi cabeza recibe un halo de estrella que asoma
desde la ventana en mi habitación.
Y tu sombra, con su brillo, se va perdiendo…
y te me quedas viendo. me dices hasta luego.
Buenas noches, digo yo.