Acabo de aplastar caracoles en la acera.
Lo lento de la babosa hace la noche fatal.
Subo al auto y acelera
mi pie hasta el fondo del pedal.
Auto- automáticamente a pensar.
Entonces, me dispongo a cantar
a todo pulmón sin verguenza
del mundo afuera del cristal
y de mi máquina de metal.
Las notas que se persiguen
una a la otra
desaceleran el flujo
del pensamiento letal,
de ese que no te deja
avanzar.
Viajo rápido en el tiempo
y lento en mi interior,
mientras los acordes callan
los fantasmas y los duendes
que se perdieron en el mañana,
sobre la pista que corre
por debajo de mis ruedas,
sobre mi jungla de asfalto,
en mi burbuja aerodinámica.
Viajo
auto- automáticamente.