La Vejez de los Ingenuos

23 03 2008

Cuánto cabellos blanco en su cabellera!

Arrugas ligeras que trajo la edad.

Yo encuentro cierta gracia en sus pasos,

señor, se le han vuelto lentos,

lentos, porque a esa edad creo que el cuerpo

se da cuenta  de que no hay apuro,

porque el oro no aguarda al final

de la vida multicolor.

Yo encuentro un poco triste,

que no se sostenga solo

sino con ayuda de su bastón,

pero entiendo,

entiendo que todo tiene su tiempo,

tiempo de que la gravedad

nos dé su llamado a la tierra.

Hay días en que no imagino

cómo llegar de vieja

al tiempo de las canas,

de las peleas contra el destino,

de los asuntos de gravedad

porque quedará

poco tiempo para seguir pensando

o hacer todo lo que hay por hacer.

Tengo veinte años, señor,

veinte que para usted deben ser pocos.

Vengo a contarle mi filosofía ingenua,

y usted sonríe y recuerda lo sabio que fue a los veinte

cuando pensaba que algo podía entender

del mundo y sus complicaciones eternas.

Llegará el día en que asuma mi propia ignorancia

y la defienda. Por ahora,

usted me sonríe y  no quiere romper

mi burbuja decorada de ideologías

expandiéndose desde el interior.

Aún es temprano para darme cuenta

que nada tiene sentido

y ante tanta ridiculez sólo existe una solución:

reír, amigo, viejo amigo, reír.


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