Andrés Está de Vuelta.

7 02 2008

Sara pasaba las hojas en blanco. Nada. ¡¿Te dejé un cuaderno entero y no escribiste nada?! La luz del ocaso se hacía homogénea, un violeta iridiscente que por adentro gritaba… NADA! No escribiste NADA!!! Es que no tuve tiempo. Las horas pasaron corriendo en el viento, zurcando los gráficos en los programas internos del computador y entre el ir y venir del día cotidiano, los días pasaron y un segundo se acabó y así en sucesión. No me escribiste nada…. Y en el cielo dejó de ser noche, y nube celeste tranquila, comenzó a llover como en los ojos de Sara. No me escribiste nada… No, no pude, no tuve tiempo. ¿Ni para recordarme?. Tampoco.

*** 

Tal vez sea distante aunque no vaya muy lejos, ¿lo podrías entender? Andrés! Voy a escribirte mil de cartas y cuando salgas de tu encierro, te las voy a leer. Yo también pero sólo por la noche, de día, (hasta el día de mi entierro), pienso mirar unos cables de cobre, invadirme de la electricidad del sistema y sistemáticamente cifrarme en él. ¿Y eso? ¡Unas líneas espontáneas, tal vez, no lo sé!… te extrañaré.

***

Nada.

No existe nada.

Ni Sara, ni yo con ella.

Fue muy tarde cuando me salí del planeta.

Y no pude sentir Nada estando en él.

Qué pena.

no le escribí

ni tampoco la extrañé…

hasta hoy,

hoy que volví.