Posteado por: claudiabrena | Febrero 5, 2008

La Protesta Coloquial

Salieron las señoras de la esquina, las chismosas, las que ventilan su casa por la ventana y de paso, tu vida. Salieron de su casa a resonar con su voz, el rugido de sus caceloras. “Estamos demandando”, dijeron, “un poco de arroz para los niños”, como quien pide una limosna de su propio bolsillo. Salió la tía Irene porque el marido se le murió, o eso dice ella para evitar decir que se fugó, de todos modos, lo da por muerto, y  como así lo trata, eso es lo que importa. Y lo que importa también es que se largó llevándose toda la plata que guardaba bajo del cojín del sillón. Salió la tía Azucena que obscenamente gritaba a cualquiera que se podía meter sus políticas por donde no les dé el sol. “¡Yo lo que quiero es comer, porque tengo hambre, señor!” Y el señor le dijo, antes de correrla, que eso no podía ser porque la estabilidad del mercado alimenticio, dependía de su mano de obra barata. “¡Usted come de mi miseria!” ” No. Nos comen a todos, Azucena, a todos los que no hacemos las reglas.”



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