Me senté a la orilla de mi cama. Porque ese es el mejor sitio para pensar. Las ideas flotan en invierno y tiritan de frío en las neuronas, por eso las ideas no se congelan. Los científicos no me creen pero yo se los aseguro, el cerebro aún libera pedacitos de alma a la columna vertebral. Y sentándome a pensar, la ventana dejó de detener el frío y el tiempo rebelde empezó a escapar hacia la habitación. Las ideas comenzaron a saltar y fue una invasión de mi verdadera voluntad. Mi camino va a empezar, lo comienzo a palpar con la pupila, muy a lo lejos. Hay fines donde el fin es uno mismo y hay otros que llevan a la libertad del ser. Los últimos, de libertad y justicia. Los primeros, de nostalgia y placer. No más fines sin fin ni propósito, no más finales poéticos de pasados perdidos, no más renegar del poeta, sino ser poeta y renegar del planeta en que vivimos. Y vivamos pues… buscando la libertad en el camino que no sea la nuestra. La conciencia me indica el destino y el destino dirá mi proceder siguiente. Vivamos por siempre, dejando huellas en la orilla y para siempre… vivamos pues.
Posteado por: claudiabrena | Diciembre 8, 2007
Vivamos pues…
Escrito en Reflexiones, prosa | Etiquetas: conciencia, justicia, libertad, renacer, vida, vivamos