Una ola entierra los pies en la arena.
Ya es tarde y la luna contempla un abismo iluminado.
Culpemos de la luz a las estrellas.
Persigo el sonido del océano,
persigo al viento que le va rozando a la ola,
a su cresta,
su entierro,
y su espuma que regresa al mar.
Puedo perderme entre corrientes
y al abrir los ojos,
volverme a encontrar.
¿Qué cosa es la realidad
si no una percepción,
un lente de aumento,
un vidrio alterando siempre la composición de la esencia?
Aquí puedo pensar,
sin miedo a que me alcance el enemigo de la naturaleza.
La noche se hace mañana…
el viento se hace creciente.
La luz del sol anuncia el paso constante del tiempo,
y el alma se viste de colores iridiscentes
para que la vea otra vez
y no me venza el sueño.
“Mírame” me dice.
“Mírame de frente”.
La veo
y entiendo el mundo no en razones,
sino en sensaciones,
en el calor de la mañana que empieza a asomar,
en la brisa que juega en mis mejillas,
y en la mirada inmensa del firmamento.
Las respuestas a las preguntas del universo no se pueden nombrar,
se sienten, se transmiten con los ojos y con el alma, pero no se cuentan…
no hay palabras correctas ni exactas.
El mundo y sus secretos es de quien lo sueña
distinto y adornado de intensa paz.
12:54 a.m.
26-01-2007