¿Cuánto el silencio que derramas,
cuánto el vacío urgente,
cuánta la sensación de puños enfurecidos,
cuánta cuánta cuánta ira y decepción
cuánta cuánta cuánta
cuánta cancion y dejada sonrisa?
Carcajadas tú me diste, completas,
tal vez aprendí a subir mi voz al remedarte
la risa la risa honesta.
Te has ido,
te has echado al mundo
de los que ya no están heridos.
¿Qué ruta divisabas bajo un cristal urgente,
qué ruta y qué reflejos de una vida indiferente?
¿Qué vida te acompañaba ya al final?
¿ Qué furia entretenía el no importarte más
sino ver por la ventana y ya no reconocer a los demás?
¿Cuándo reíste la última vez que yo te pude ver?
Te fuiste sin poder yo estar un último segundo.
Cuando llegué ya te habías ido,
como ser de otro mundo,
a otro mundo
como si te hubieran extirpado las ganas de querer estar hasta dormido,
como si te hubieran extirpado la lluvia y del continente,
como si te hubiera llevado la melancolía y frágilmente
no te hubieras detenido a quedarte mirando atrás?
Y ahora que te vas donde se quedan
ya mis primos extrañando
y mis tíos
tus días buenos, las buenas veces en que nos hacías reír.
Ahora no estás y estás en paz.
Tras tu cristal ya veías venir lo que aguardabas.
Era la muerte, era algo más, todo lo que faltaba.
Ha dejado de ser gris tras los barrotes del cristal
que hoy por la mañana te dejaron ir en paz…
finalmente.